Leggings - La Mirilla Roja
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Leggings

Leggings

Esta es la transcripción de una conversación en chat con un desconocido. 

 

Quiero contarte lo de ayer.

Es algo real te lo aseguro.

Pero no puedo contarlo a gente conocida

Ni siquiera a mi mejor amiga quieres ser mi confidente?

En el baño de mi casa mi esposo había dejado un regalo Eran unos leggings preciosos de color morado, más bien azul

Suelo usar leggings. Son ajustados y me gusta marcar mi figura.

Me puse un jersey gris ceñido con el que pensaba que los leggings iban bien y me miré en el espejo.

Al estirarlos comprobé que eran muy ligeros, casi transparentes.

Desde luego que mi esposo no pensaría que iba a salir con eso a la calle.

Desde luego no sé porqué Jose me había dejado un regalo así. Los leggings eran casi unas medias. Pensé que habría querido darme un regalo para nuestros ratos íntimos, ya me entiendes.

Tenían un enganche en los pies para no subirse pero se me veía todo el culo, con nitidez

Daba vueltas en el espejo y me encontraba francamente irresistible.

En la parte de delante tenía como una hoja de parra bordada, algo menos transparente, que evitaba que el sexo se viese del todo

Pero por detrás se adivinaba la raja del culo

Te lo estás imaginando no?

Olvidé que el instalador del aire acondicionado iba a venir a casa y me sorprendió el timbre.

A que no sabes lo que se me ocurrió?

No sería como salir a la calle con ellos, y además estaba en mi casa así que podía vestir como quisiera. No crees?

Mostrarme con los leggings al instalador sería morboso, no lo conocía, ni sabia como era físicamente. Pero nadie se enteraría ni siquiera las vecinas me verían salir con algo así.

Quien fuese me daba igual.

Me había calentado frente al espejo y quería ver como reaccionaria un tío al verme así

Te juro que no sé explicarme por qué lo hice, pero es de esas cosas que una mujer hace sin pensarlo dos veces.

Me alegro de que pases un buen ratito y te doy las gracias por escucharme, necesitaba contarlo a alguien. Es como una terapia. Te lo agradezco

El hombre resultó ser muy mayor así que fui yo la que me subí a la escalera de aluminio para mostrarle el botón que fallaba y el técnico que tendría 62 años, se ofreció a sujetar la escalera

Te puedes imaginar que vistas tuvo al subirme

Yo estaba excitadísima pensando en lo que él veía, imagínate mi morbo. Creo que hasta que subí a la escalera, no se había dado cuenta aún de mis leggings

Al subirme a la escalera, su cara quedaba casi a la altura de mi trasero y el sujetar la escalera se pegó de tal forma a mi cuerpo, vamos, a mis leggings, que casi podía oler mi entrepierna.

Por supuesto al probarme los leggings no me había puesto bragas para evitar marcas. me pareció que me rozaba con su nariz

casi me da algo. saber que tenía la cara tan cerca de mi culo

De pronto el abuelo habló:

-Ya que está arriba- me dijo – levante la tapa blanca del frente. Perdone que la moleste pero estoy mayor para subir, le doy las gracias.

No se preocupe le dije-Esta tapa?- le pregunté

-si esa-

Dígame si el cable azul de la derecha está conectado- Me pidió.

Tuve que estirarme y la posición era un poco inestable, así que al hacerlo sus manos aferraron mis caderas y un calor íntimo me subió desde sus manos hasta mi cabeza, poniendo duros mis pezones

Me sujetaba para no caer, pero en realidad era el prefecto pretexto para aferrar mi trasero, y vaya que si lo aferraba, te lo juro.

Aún ahora, y más al contártelo, vuelvo a estar cachonda. En serio te lo digo.

Estaba tocando los leggings, no pensaba llegar tan lejos pero me excité comprendes?

En principio solo quería comprobar el efecto en un desconocido pero la cosa estaba complicándose.

Él subió un peldaño de la escalera de aluminio, yo estaba en el segundo y comenzó a frotar sus vaqueros con mis piernas.

contra mi gemelo derecho

La tenía muy muy dura, mirando mi culo bajo la transparencia de los leggings

Se rozaba conmigo disimulando, pero con muchísimo disimulo.

Tu como estás

Bajé de la escalera al comprobar su erección, el abuelo era tímido en exceso, tan tímido que había intentado disimular sus roces con mi pierna y se ruborizó cuando le dije:

Ese roce le ha puesto a usted muy malito, a que si?

No se lo esperaba el abuelo, no se esperaba que fuera tan directa.

No me contestó y sus mejillas enrojecieron y bajó la mirada

Estaba erecto, pero no alardeaba sino que procuraba ocultarlo

Esta vez fui yo la que me acerqué y le rocé con el muslo su entrepierna

Cerca de mi ingle comprobé la dureza que había bajo el pantalón

Me excitaba su timidez, su silencio, su mirada en el suelo comprendes?

El abuelo permanecía de pie, casi firme, con sus brazos caídos, pegados al cuerpo y las piernas rectas, mientras me restregaba contra el bulto, sin decir nada, con la cabeza gacha. Y a mi esa timidez me envalentonaba más y más. No me había pasado nunca, llevar yo solita la iniciativa.

Y menos con un señor de 60 años o más

No levantaba la cabeza porque su rubor le impedía cruzar su mirada conmigo. Y callaba como una tumba

Comencé a subir y bajar el muslo, rozando mis leggings contra sus vaqueros, justo por encima del pene durísimo. Pero seguía sin mirarme. Aunque tampoco rehuía mi contacto.

Fui yo la que hablé: -¿No le molesta esto verdad? Puedo seguir si me resultará gratis la reparación del aire, que opina?

Y le rocé con las tetas.

Cuando le rocé con los pechos me miró un segundo, pero en seguida bajo los ojos

-No pienso cobrarle señorita- dijo casi susurrándome.

Aunque tenía el jersey ceñido, era fino y sintió la dulzura del contacto, seguro.

como él parecía un muñeco, sin sentimientos, con la mirada huida, me envalentoné y seguí rozándome con el

Mis manos cogieron sus caderas y su nuca, pegándome mucho a su cuerpo

Comencé a susurrarle en el oído:

-Hace tiempo que una mujer no te acaricia así. ¿Verdad?-

Asintió con la cabeza sin mirarme.

Me separé de el como medio metro. Apoyando mis manos en la escalera y comencé a subir mi pie desde sus tobillos hasta la ingle. El firme, mirándome ya, pero sin hacer nada

Mi pie enfundado en los leggings acarició su erección, con muchísimo gusto. Te juro que hacía tiempo que no estaba tan cachonda.

Le gustaba pero no mostraba interés por tocarme o por hacerme algo.

Solo disfrutaba de mi juego. No sé si imaginas su comportamiento?

Entonces le ordené de forma autoritaria que se bajase los pantalones y me mostrase todo.

Obedeció como corderito y entonces mi pie con la media, acarició sus testículos, la parte interior de sus muslos, pero sin tocar el pene, que estaba tieso, apuntando al techo.

Con la punta del dedo gordo le acaricié el prepucio.

Le pedí que se tumbara y le obligué a abrir las piernas y con los dos pies le masturbé un largo rato, pisando y acariciando

-¡Ponte de pie le mandé-

Me arrodillé frente a él

Agarré su pene con mi mano y le lamí los huevos

-señorita, me dijo, no aguanto más–

Y su pene estalló rociándome la cara y el jersey gris ceñido.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]

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