A escondidas... - La Mirilla Roja
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A escondidas…

A escondidas…

Entran a hurtadillas en los baños de las chicas cuando la sirena hace la llamada de entrada a clase. Ambas sonríen de manera pícara. Saben que no podrán salir de ahí en la hora restante salvo que quieran ser descubiertas. Se sientan en el suelo y una de ellas, Ayleen, saca una cajetilla de cigarros. Le ofrece uno a su compañera y ambas se encienden el pitillo. Sus cuerpos se mantienen muy cerca el uno del otro, comentan, ríen y comparten confesiones de juventud. Una ha empezado a tener sus primeras experiencias sexuales que cuenta abiertamente a la otra, sorprendida. Noelia todavía no se ha estrenado, ni siquiera ha dado su primer beso, y ruborizada, escucha atentamente las explicaciones de Ayleen. A veces calla, a veces pregunta, otras, baja la mirada mordiéndose el labio, deseosa de poder al fin, descubrir lo que su amiga relata descriptivamente.
No soy capaz de escuchar lo que la intrépida Ayleen le dice al oído pero puedo intuirlo cuando su mirada se vuelve más divertida y pícara, acerca su mano a la nuca de Noelia y gira su cabeza haciéndola que la mire. Sus rostros quedan uno frente al otro, pueden sentir la respiración de la otra, pausada de Ayleen y cada vez más acelerada de su compañera. La experta joven le dedica una sonrisa dulce mientras dirige la mirada a sus labios y poco a poco va acercando su boca a la de la otra chica. Ayleen la besa con ternura, con suavidad. Sabe que su amiga no lo ha hecho antes y pretende enseñarle las dotes amorosas que tan buenas tardes le han hecho pasar a ella. Sus manos presionan los laterales de la cara de Noelia mientras suministra pequeños piquitos tanto en el labio superior como inferior de su amiga. Besa su boca, su mentón, su cuello, apoyando ahora su frente sobre ella.
Ambas abren los ojos. La lujuria se ha hecho presente entre ellas, en una amistad que recordarán siempre. Ayleen repasa el perfil de los labios de Noelia con su lengua, ofreciéndosela, obligándole de esta manera a que también ella le muestre la suya. Con timidez, su compañera entreabre los dientes y la saca discreta. El beso se vuelve más agitado, chocan sus dentaduras en el acto, reciben algún que otro mordisco, hasta que por fin la comunión de sus bocas se hace en un beso perfecto, el más perfecto que nunca antes le han dado a Noelia, el primero.
Ayleen se sienta sobre las piernas de su compañera y continúa ofreciéndole sus caricias, entrelazando sus cuerpos, sus manos, sus ansias. El deseo de las dos estudiantes danza en el aire de ese aseo universitario entre los primeros suspiros y gemidos de ambas.
—¿Quieres que continúe?
—Por favor.
Y con el permiso de su amiga comienza a desabrochar los botones de la blusa del uniforme para posar su boca ahora en el esternón y descender despacio hasta sus pequeños pechos. El trazo de besos que deja dibujado en su camino arranca en Noelia largos suspiros e inaudibles gemidos de vergüenza y de placer. Y así, poco a poco toma en sus manos sus senos. La pálida piel de Noelia se eriza al contacto de los labios que ahora besan sus recién estrenados pezones, muy despacio, humedeciéndolos a su paso.
Ayleen se muestra segura, sabe que ese tipo de caricias son las que a ella le deshacen y está comprometida a ofrecerle todo el placer a su amiga. Coge sus manos y las deposita en los suyos para que sea Noelia la que tiente su interior, mostrándole con cuidada delicadeza como tocarlos, presionarlos, estimularlos.
Consumidas por el erotismo, sus rostros muestran las permanentes marcas de sus pintalabios corridos alrededor del perímetro de sus bocas, narices y mentones. Y así, fundidas en ese largo acto de amor permanecen minutos enteros, agónicos para sus respiraciones entrecortadas. Embriagadas por su alterado estado de excitación, Ayleen desciende las yemas de sus dedos hasta introducirlos por debajo de la corta falda de tablas. Puede notar cómo se aceleran los latidos del corazón de su amiga y le sonríe con ternura.
—Relájate y disfruta— Le dice esta vez al oído mientras comienza a mover sus dedos por encima de las pulcras bragas blancas de su compañera.
Las mariposas estallan en el estómago de Noelia cuando Ayleen da con su clítoris sobre la fina tela de su ropa interior y comienza a acariciarlo de manera circular. La sensación es tan indescriptible y novedosa para Noelia que trata de manera instintiva de cerrar sus piernas, aunque la otra alumna lo evita. Tiembla ante sus caricias. Nunca hubiera imaginado que los cuidados de su amiga pudieran resultar tan placenteros y dulces. Se va deshaciendo poco a poco bajo la atenta mirada de Ayleen que sonríe traviesa al sentirse triunfadora con sus reacciones.
Sus continuos gemidos indican que está ejerciendo su labor a la perfección. Pero la frenética caricia y la profundidad de sus besos ya no son suficientes para acallar la excitación que ha crecido entre ambas. La imagen sin duda, es perturbadora, la de dos lolitas sentadas a horcajadas la una sobre la otra, besándose, tocándose, proporcionándose placer, disfrutando de su reciente descubierta sexualidad, en la intimidad de un aseo.
—Por favor, Ayleen, por favor— reclama sin saber muy bien el qué Noelia.
Las oleadas de placer van y vienen sin descanso, mientras Ayleen en su afán de llevar a su amiguita de juego al clímax sexual, descubre al completo sus partes nobles para seguir acariciándola una y otra vez. La imagen de unos pequeños labios vaginales perfectos, tersos, vírgenes de cualquier expedición se abren paso ante los ojos y el tacto de la estudiante menos recatada, que tiene que introducir bien sus dedos en ellos hasta encontrar de nuevo el cálido clítoris de su amiga.
Y los primeros temblores intensos se hacen patentes en el cuerpo de Noelia, los espasmos que está experimentando en su vagina son tan violentos que se asusta.
—Para Ayleen, para— solicita precipitada.
—¿Qué sucede?— pregunta preocupada sin dejar de besarla y sin retirar la mano del sexo de su amiga.
—Me duele, me tiemblan las piernas, siento calambres muy fuertes en la parte baja de mi estómago. Para, no quiero seguir, me da miedo.
—Shsss… Déjate llevar Noelia, confía en mí. Es lo mejor que te va a pasar.
Y vuelve a la tarea que había dejado inconclusa. Saca ahora la mano de su vagina para humedecerse el dedo corazón y volver a su punto de partida. Con las piernas flexionadas sobre las de Noelia le susurra al odio que se calme, vuelve a acariciar la pequeña lentejita de su amiga que palpita cada vez con mayor intensidad y poco a poco va con sus dedos buscando la oculta hendidura por deshojar. Muy despacio se va haciendo hueco entre las restringidas paredes de su vagina, hasta que finalmente los músculos se relajan y comienza a moverse dentro de ella, en una ida y venida sin retorno. No tarda en sentir como Noelia vuelve a convulsionar, cada vez con más virulencia, mientras los gemidos ensordecen la habitación. Siente fuertes espasmos en su interior, la desesperación con la que agita sus caderas. Ahí está, entre lágrimas su querida compañera ha experimentado el primer orgasmo de su vida.
Continúa con un movimiento cada vez más pausado, hasta que el cuerpo de Noelia se relaja. Saca su mano del interior y se acerca de nuevo hasta sus labios.
—Enhorabuena, has tenido tu primer orgasmo— concluye besándola.

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